¿El deporte es incompatible con el alcohol?

La polémica está servida. En uno de los últimos eventos deportivos que organizamos, tuvimos que enfrentarnos a un borracho agresivo que golpeaba a cualquier deportista que invadía lo que él consideraba como su espacio vital. Cuando por fin la policía lo consiguió reducir, lo investigaron a fondo y descubrieron que tenía una vinoteca en su sala de estar. La había comprado a buen precio en la página web caveduke.com/es y siempre la tenia llena de bebidas alcohólicas. Sin embargo, lejos de tenerlas como mero artículo decorativo, lo que hacía es que cada vez que tenía que salir a la calle, daba buena cuenta de esas botellas, llegando incluso a casos en los que quedaba completamente alcoholizado.

En realidad, tomar una copa de vez en cuando no es malo ni para el deporte, ni para el organismo. Sin embargo, en el caso de que tomemos alcohol de forma continua, la cosa cambia de forma drástica. Empezaremos a experimentar como nuestro hígado se empieza a irritar provocando ciertos trastornos del estilo de cirrosis o similares. Además, ya sabemos que el alcohol hace que no seamos dueños de en nuestros actos y que hagamos cosas de las que, probablemente, no tardaremos en arrepentirnos.

En cualquier caso, nunca se recomienda tomar alcohol antes de practicar deporte: la razón de ello es que anula nuestros sentidos, afecta a nuestro aparato digestivo y respiratorio y, por ende, afecta de forma radical a nuestro rendimiento deportivo en general.

No podemos decir que el deporte sea incompatible al 100% con el alcohol, pero si que es verdad que, en el caso de que vayamos a practicar deporte intensivo, en ningún caso se recomienda que vayamos con el con el cuerpo y, mucho menos, completamente alcoholizados.

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